Archivo de May, 2007

El Siglo de las Migraciones 2

inmigrantes.jpg
Se acerca el buen tiempo y con él la llegada de olas de inmigrantes.

Solamente en 2005 se calcula que fueron 191 millones las personas migrantes en todo el mundo. España se ha situado en el tercer país del mundo en absorción de inmigrantes y sexto en porcentaje de población extranjera. Estos hechos, que pueden llevar a muchos a alarmarse, no deberían llevarnos a tener reacciones como la de Malta. En general, los efectos de la inmigración son más que positivos.

Desde el punto de vista de los costes que la inmigración puede suponer para el país de acogida, éstos pueden ser vistos, en primer lugar, desde el prisma de la sanidad, la educación y otros servicios públicos. Así, si bien la llegada de inmigrantes supone un aumento del gasto en estos ámbitos; la contribución de los inmigrantes, que pagan tributos, cotizaciones y, sobre todo, impuestos indirectos que gravan el consumo, arrojan un saldo positivo, especialmente en el medio y largo plazo, sobre las finanzas públicas. Así lo atestiguan diversos estudios tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea. En segundo lugar, desde el punto de vista del empleo, se ha observado que el 70% de los inmigrantes ocupan empleos considerados como “poco cualificados”, especialmente en el ámbito de la agricultura y los servicios, empleos que los nacionales suelen rechazar por motivos diversos. Siendo éste un efecto positivo para el país de acogida, solamente hay que resaltar que se ha observado que esta situación sí puede tener un ligero efecto sobre los salarios y los empleos de los trabajadores nacionales poco cualificados. Por otra parte, aquella parte de inmigrantes “cualificados” suele ser absorbida por sectores con una gran demanda como son la salud y las tecnologías de la información.

Si intentamos observar los efectos sobre los países de origen, veremos que de las distintas vías de ingresos que tienen estos países, las remesas de los emigrantes son la fuente que más ha crecido en los últimos años. De hecho, se considera que su importancia podría ser mucho más importante de lo que las cifras oficiales muestran debido a que, en muchas ocasiones, estas remesas se entregan de forma oficiosa, es decir, en mano. Los efectos sobre los países de origen de estas remesas no están claros y sería complejo explicarlos aquí, pero en cualquier caso hay que resaltar que pueden convertirse en un instrumento para el desarrollo de estos países. Un ejemplo de ello es el Programa 3 por 1, según la cual por cada dólar que un inmigrante mexicano envía a su país, las autoridades locales y estatales estadounidenses envían otros tres destinados al desarrollo del tejido empresarial del país vecino. En cuanto a los efectos sobre los países de origen, se ha hablado siempre de “bran drain” (fuga de cerebros) pero hoy en día se está comenzando a hablar de “bran gain” (aportación de los cerebros) ya que se ha comprobado que, en primer lugar, dichas personas apenas podrían desarrollar sus habilidades en sus países de origen y, en segundo lugar, que las remesas que generan en dirección a su propio país suplen con creces esa pérdida inicial, especialmente si dicho dinero se gasta o invierte en aspectos que ayuden a mejorar el nivel de desarrollo. Por ejemplo, en educación.

En conclusión, aunque sea a grandes rasgos, es fácil observar que las migraciones no son más que una parte del proceso de desarrollo tanto de los países de origen como de los países de acogida. Con lo que no hay, en principio, motivo para ver con rechazo este fenómeno. Más bien al contrario. Y es necesario que empecemos a verlo así porque todo apunta a que este fenómeno va a intensificarse. Si el siglo XX fue el siglo de la explosión demográfica, el siglo XXI podría ser el siglo de las migraciones.

Es importante tenerlo en mente porque a los españoles se nos suele olvidar que no hace mucho también fuimos migrantes

Llueve sobre Gaza Comments Off

luevesobregaza.jpg

Con 18 años, tuve la suerte de ir, mochila en mano, a África. Estuve recorriendo Kenia durante un mes. Yendo a donde no van los turistas, tomando té con jefes de poblados, colaborando con clínicas móviles… Las sensaciones que experimenté fueron únicas. La cantidad de ellas, desbordante.

Hoy, casi ocho años después, estoy reviviendo muchas de esas sensaciones a través de la palabra y la fotografía de Hernán Zin. Hernán, a quien descubrí a través del Feevy de Guerra y Paz, lleva 13 años recorriendo el mundo para intentar dar voz a los excluidos. A través de su blog “Viaje a la Guerra” nos trae cada día un pedazo de sus vivencias. Y cada día abro su blog para leerlas.

Ayer me contaron que Hernán Zin estaba estos días en Madrid. El motivo es la publicación de su nuevo libro Llueve sobre Gaza. En él relata los acontecimientos del verano pasado en la franja. Según la reseña:

Llueve sobre Gaza es una meticulosa descripción de este injusto castigo colectivo, en el que todo un pueblo es obligado a pagar por las acciones de unos pocos, en una flagrante violación de la Convención de Ginebra y el Derecho Humanitario. Y que incluye gravísimas denuncias como el empleo por parte de Israel de armamentos prohibidos así como el uso deliberado de civiles palestinos a modo de escudos humanos.

Según me cuentan el libro está desde ayer en las librerías y su presentación tendrá lugar el mes próximo. Stay tuned.

Yo no estaré aquí en 2071, ¿y tú? 2

En mi repaso matinal de blogs me he encontrado este mapa en la bitácora de Foreign Policy. Se trata de un mapa del Centre International de Recherche sur l’Environnement et le Développement de Francia en el que se representan las temperaturas que tendrán las principales capitales europeas en 2071 con la particularidad de que las resitúa en el mapa para que nos hagamos una idea más precisa de dichas temperaturas.

temperaturas-2071.jpg

Ahora que nadie duda de la veracidad y del peligro que entraña el cambio climático esperemos que el intentar lograr metas concretas no nos haga perder de vista el objetivo final. Me refiero, por ejemplo, a la cuestión de los biocombustibles. Leía ayer que, si bien resulta claro que los biocombustibles son una fuente renovable y limpia, su viabilidad como instrumento para reducir las emisiones y preservar el medio ambiente no está tan clara.

En primer lugar, una investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona ha presentado una tesis en la cual demuestra que la producción de biocombustibles, el proceso de creación, acaba generando una cantidad de dióxido de carbono no tan inferior a la generada por los combustibles fósiles. Habrá que seguir prestando atención a este asunto.

En segundo lugar, esta misma producción provocando fuertes presiones sobre la producción de alimentos. En México, donde el maíz es la base de la dieta, el precio está subiendo tanto que está empezando a generar verdadera inquietud entre la población.

Finalmente, a todo ello hay que sumar que la agricultura intensiva necesaria para el cultivo de semillas oleaginosas para la producción de biocombustibles puede llevar aparejada la sobreexplotación de la tierra, la deforestación, el uso abusivo de pesticidas y abonos, contaminación de acuíferos…

Lo dicho, ahora que está claro que es necesario reducir la cantidad de emisiones que provocan el efecto invernadero no debemos cegarnos con esa meta y generar nuevos problemas. El objetivo es el progreso sostenible y parece que la mejor forma de conseguirlo no pasará tanto por los biocombustibles como por el ahorro y la eficiencia energética.

Por cierto, ¿Se han dado cuenta de que en el mapa no sale Madrid?

Javier Solana recibe el Premio Carlomagno Comments Off

Javier Solana, representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, recibirá pasado mañana, día 17 de mayo, el Premio Carlomagno, el más alto reconocimiento europeísta. Con él son ya cuatro los españoles que han recibido tal distintición. La lista incluye a Salvador de Madariaga, el Rey Don Juan Carlos y Felipe González.

Turquía y la Identidad Europea 3

manifestacionesturquia.jpg

Creo que era en “La insoportable levedad del ser” donde Milan Kundera afirmaba que la identidad, el espíritu, de Europa se hallaba en la novela europea. Hoy, la literatura turca colma las estanterías de las librerías europeas teniendo como representante a Orhan Pamuk, nobel de literatura en 2007. ¿Toma parte Turquía en la conformación de esa identidad europea? ¿Turquía es Europa? ¿Qué quiere ser Europa?

Estas son las preguntas que cabe hacerse cuando yuxtaponemos dos cuestiones como la identidad europea y la posible adhesión de Turquía al club comunitario.

Es innegable que Turquía ha tenido siempre un papel en la Historia de Europa, desde la caída del Imperio Romano conservando su legado gracias al Imperio Bizantino; hasta la Historia más reciente en la que potencias europeas como el Reino Unido y Rusia se disputaban, no solamente su amistad, sinó también sus territorios por hacerse ésta ultima con un acceso a un mar sin hielos, por evitar ésto mismo la primera. Algunos afirmarán que su papel fue siempre el de un extraño, un papel secundario entre unos actores protagonistas que compartían valores comunes. Que los países europeos, como si hubieran sido siempre una masa homogénea, hubieran escrito la Historia al margen de la islámica Turquía.

Nada más alejado de la realidad. Europa fue, durante siglos, escenario de las guerras más cruentas, de los más viles asesinatos, de los más largos conflictos, debido a que los diferentes países que la conformaban tenían valores absolutamente contrapuestos. Ejemplo de ello: el enquistado conflicto entre católicos y protestantes, un conflicto que dividía a los europeos con un abismo de una profundidad tal que, hoy, las diferencias entre la Europa cristiana y la islámica Turquía resultan apenas un pequeño escollo.

Pero abandonemos por un instante el pasado y centremos estas líneas en la actualidad. En la confrontación entre una pretendida y petrificada identidad de Europa y la posible entrada de Turquía en la Unión Europea.

¿Turquía es Europa? Puede ser debatido, pero es, en realidad, como hemos visto, difícilmente debatible el hecho de que Turquía ha tenido históricamente un papel importante en Europa. Ha sido amiga y enemiga. Lo cual, nos viene a confirmar que ha sido algo. Que ha tomado parte en la que hoy somos. La cuestión es que hasta el nacimiento de la Unión Europea, tras la II Guerra Mundial, parecía claro que Europa, esa idea de una Europa unida que ya habían concebido pensadores como Immanuel Kant, incluía solamente a aquellos países en los que el cristianismo, la cultura judeo-cristiana, había tenido una mayor raigambre. Por ello, las sucesivas ampliaciones nunca suscitaron debates como éste con el que ahora nos encontramos. La Unión fue creciendo absorbiendo a aquellos que, tras años de haber considerado acérrimos enemigos, ahora eran vistos como hermanos, hasta que, un día, alguien distinto llamó a la puerta de Europa. Podemos afirmar que fue entonces, quizás, cuando Europa se encontró cara a cara con la Posmodernidad. Cara a cara con aquel que es diferente y que forma parte de nuestras vidas.

Turquía es diferente. Sí. ¿Pero cuán diferente es? Precisamente éste es el argumento principal de quienes se oponen a la entrada del estado turco en la Unión: Europa es un club cristiano y Turquía un país islámico. Turquía es diferente. Turquía no es Europa. Turquía, por lo tanto, no debe entrar en la Unión. Pero… ¿podemos afirmar, hoy día, que Europa sigue siendo un club exclusivamente cristiano? Sin obviar que el cristianismo sigue siendo la religión mayoritaria; no podemos negar su continua pérdida de creyentes en el continente europeo, no podemos negar tampoco el auge de otras religiones en países como el Reino Unido, Francia o Alemania donde se desarrollan en pie de igualdad y con total normalidad. Parece que esa identidad cristiana de Europa se diluye con el tiempo. ¿Y por la parte contraria? ¿Cómo de intenso es el Islam en Turquía? Hoy, el gobierno de Turquía es ocupado por un partido islámico, encabezado por Recep Tayyip Erdogan en el marco de un Estado laico en el que el Islam es solamente su religión mayoritaria. El Islam turco no es islamismo. No pretende hacer que el Estado se encuentre sometido a la religión. Al contrario, la realidad de los actos de Turquía nos demuestra, cada día, su voluntad de convertirse en una nación occidental, una nación moderna, defensora de los Derechos Humanos y de la Democracia. El camino hasta alcanzarlo es, todavía, largo pero resulta muy clara en que dirección camina Turquía. Turquía camina en dirección a Europa.

Seguir leyendo »

Página siguiente »