Archivo de September, 2008

Me parece más justo 4

Creo que yo, y otras muchas personas estos días, estamos alucinando un poco con tanto mensaje catastrofista. He llegado a oir de algunos jefes de Estado, un tanto exacerbados, que lo que está ocurriendo era el fin del capitalismo, de otros, a los que tengo como algo más moderados, que Estados Unidos va a dejar de ser la superpotencia mundial y que Europa y Asia asumirán su papel. Incluso he llegado a oir de importantes líderes de la derecha en el mundo que “le laissez faire, c’est fini“; cosa que, además de dejarme perplejo y sonriente, me ha llevado a preguntarme sobre la diferencia entre la derecha y la izquierda económica.

Hasta ahora, definía en términos económicos a los liberales como aquellos que promulgan la no intervención en el mercado y a los socialdemócratas como a aquellos que sí lo hacen. Y me he dado cuenta que estaba completamente equivocado. Esa no es la diferencia.

Liberales y socialdemócratas intervienen ambos. Lo estamos viendo todos los días en los medios: en Estados Unidos, en Francia, Alemania… Por lo que eso no es lo que diferencia unos y a otros. No.

Lo que realmente les diferencia es que, sabiendo ambos que el mercado es imperfecto y que tiene grandes fallos (siendo la pobreza el mayor de ellos); unos, los liberales, están dispuestos asumir la injusticia y van a permitir que ésta exista hasta que el asunto se haga insostenible. Y entonces sí, el “laissez faire, c’est fini” e intervienen en el mercado. Hacen lo imposible por intentar salvar el sistema no vaya a ser que les cierren el chiringuito.

Otros en cambio, en mi opinion menos hipócritas, asumen que el sistema falla constantemente y constantemente intervienen para mitigar sus efectos nocivos. Regulan, en la mayor parte de los casos, para fortalecer la protección social de los ciudadanos: sistemas de pensiones, subsidios de desempleo, programas de reinserción laboral, sanidad pública y universal, medidas de discriminación positiva…

A mi, hasta el momento, nunca me ha faltado de nada. Es más, podría decir que en muchas ocasiones me he sentido un privilegiado y sin embargo nunca me he sentido afin al liberalismo económico.

No sé a vosotros, pero a mi, sinceramente, me parece más justo el modelo de la izquierda.

Estimada Rusia, por favor, deja de amenazarnos Comments Off

Esta noche me he desvelado. Me he puesto a mirar mi lector de feeds que, entre unas cosas y otras, lo tenía un poco abandonado y a las 6 de la mañana he soltado una carcajada: leo en el blog de Foreign Policy que, ante las reiteradas amenazas de Rusia hacia Europa y, en particular, hacia los países del Este; el Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, se ha marcado estas amabilísimas declaraciones:

Por supuesto que no nos gusta que el presidente ruso o los generales rusos nos amenacen con la aniquilación nuclear. No es una cosa muy amistosa, y les hemos pedido que no lo hagan más de una vez al mes.

Yo tampoco entiendo como alguien podría negarse a tal petición.

Barroco 1

Cuando uno va al teatro hoy en día y se decide por algo contemporáneo, suele salir de la sala pensando que algo no encaja. Que en ocasiones la historia, si la hay, podría estar mejor contada. Que el director no necesitaba tanta parafernalia para contar, para denunciar, para decir lo que quería decir.

Barroco, es una de las mejores representaciones que he visto este año. Creyendo ir a ver una interpretación de las amistades peligrosas, éstas acaban convirtiéndose en el vehículo de la denuncia del teatro actual. Porque el teatro actual es de todo menos actual. Es Barroco.

Y así lo pone en evidencia constantemente el director Tomaz Pandur a través de tres maravillosos actores, un soberbio Asier Etxeandía, Blanca Portillo y Chema León. ¿Es necesario hoy en día un narrador? ¿A qué sus contorsiones sobre el escenario? ¿Es preciso vociferar? ¿Impostar la voz? ¿No dejar lugar al silencio? ¿Exprimir todo un racimo de uva con la mano? ¿Estallar sandías contra el suelo? ¿Utilizar narrativas apenas inteligibles? ¿Voseo?

En Barroco es todo tan contemporáneo que lo contemporáneo queda en evidencia: no es.

Y al final, todo encaja. La despedida de la obra es apoteósica. De lo mejor que he visto. Crítica al espectador, sutil y certera. No se lo pierdan por nada del mundo. Y, sobre todo, aplaudan. Aplaudan…

Día del Cooperante 5

Imagino que muchos de vosotros (y vosotras) no sabéis que mi trabajo de tantos años estudiando Derecho y Política Internacional han dado finalmente sus frutos y me han fichado como asesor político en la Secretaría de Política Internacional y Cooperación del PSOE, así que aprovecho este post para que lo sepáis. Estoy feliz. Y hoy, más.

Desde hace ya varias semanas venimos preparando con mucha ilusión un homenaje del partido a los cooperantes. Queríamos que ellos, los que están sobre el terreno, fueran los protagonistas y, al mismo tiempo, que el esfuerzo realizado perdurara en el tiempo. Y después de charlas con Elena y con Leire decidimos crear un canal de YouTube pro para que los cooperantes pudieran poner en valor su trabajo, donde pudieran colgar sus vídeos sabiendo que alguien que puede hacer algo por ellos les va a escuchar y les va a contestar y también un espacio de encuentro para todos aquellos que saben reconocer el buen trabajo que realizan. Y después de mucho trabajo y algunas horas sin dormir ha nacido el Canal Cooperantes.

Para estrenarlo hemos creado también un vídeo. Espero que os guste.


La Ley del Embudo Comments Off

Lo decía ya Fernando de Rojas hace cinco siglos:

Inicua es la ley que igual a todos no es.

Y sigue hoy en plena vigencia. De poco sirven las leyes que no se aplican igual a todos. Traducido al ámbito global, flaco favor se hace al Derecho Internacional cuando este se aplica a unos y otros con distinta vara de medir. Desastroso resulta cuando en lugar de aplicar la Legalidad Internacional se aplica la Ley del Embudo.

Recientemente -y no tan recientemente- hemos sido testigos de múltiples violaciones del Derecho Internacional. Pero ya no de países “díscolos” o que están sostenidos por regímenes ignominiosos. No, se han sucedido en los últimos años quebrantamientos de la Legalidad Internacional por parte de quienes se erigen como sus máximos garantes: los países occidentales.

Podemos comenzar recordando la segunda guerra de Irak y cómo se rompía uno de los Principios de la Carta de las Naciones Unidas: la Prohibición de la amenaza o del uso de la fuerza. Recordemos también la intervención de la OTAN, sin respaldo de Naciones Unidas, en Kosovo bajo la doctrina de la Responsabilidad de Proteger -un principio que habría que instaurar pero que no ha sido reconocido internacionalmente todavía como tal- o también la reciente declaración de independencia de este territorio sin observar el proceso internacionalmente establecido con este fin. No olvidemos tampoco la guerra que Líbano e Israel libraron hace dos años con total inobservancia del Derecho Internacional Humanitario.

Los países occidentales han quebrantado en numerosas ocasiones el mismo orden que pretenden extender al resto del mundo. Han aplicado, una y otra vez, la Ley del Embudo.

¿Cómo en esta situación puede resultar legítimo el exigir a otros países que cumplan a pies puntillas las normas internacionales? ¿Cómo podemos exigir a Corea del Norte que desmantele sus planes nucleares o a Irán que permita el acceso de la Agencia Internacional de la Energía Atómica a sus instalaciones? ¿Cómo exigir a Rusia que se retire de Osetia del Sur? ¿O negar a Abjasia que sea un estado independiente?

Se hace, ciertamente, muy complicado.

Sin embargo, el Derecho Internacional se hace hoy más necesario que nunca. En un mundo que se hace cada vez más pequeño, que es más interdependiente, nuestra única garantía de justicia es la extensión la aplicación del Derecho Internacional en todo lugar y en todo momento.

Por ese motivo, Occidente debe eliminar de una vez por todas la Ley del Embudo. La ley multilateral, consensuada, la norma legítima y justa es la norma que debe imperar.

Hoy, muchos no se plantean dejar de utilizar la Ley del Embudo porque creen que somos los más fuertes y podemos quedarnos con la parte ancha. Pero hace mucho tiempo que eso no es cierto, ya no somos tan fuertes. Cualquier día la parte estrecha del embudo podría apuntar hacia nosotros.